Nunca fui a Suecia.
Pero la conozco. Y mucho. Sus campos y su burocracia. Su
paciencia y su oscuridad. Su tranquilidad y su locura. Su cultura, su
naturaleza.
Y todo gracias a Mankell.
Recorrí Estocolmo página por
página.
Viajé junto a Wallander en esos interminables recorridos en
auto por sus rutas y sus hermosos paisajes.
Me asombré con Ystad y su melancolía.
Paseé por Malmo y su inmensa vida administrativa.
Descubrí Halmstad y su arquitectura.
Y hasta con mi pasaporte llegué a Riga, Letonia junto a los
Perros.
La literatura me enseñó a una nueva forma de hacer turismo.
Suecia, un país extraordinario. Y un gran acompañante, Wallander, mi amigo el detective.
Un turista literario.

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