domingo, 17 de noviembre de 2013

Pausa

Frenó.

El apuro que tenía no le importó.

Necesitaba una pausa.

Miró a su alrededor. Un océano de gente incontrolable.

Un ritmo atroz. 

Buscó refugio mirando al cielo.

Ni un sólo silencio. En ningún lugar. 

Ruidos, impaciencia, locura.

Cerró los ojos. 

Contó hasta diez y volvió a caminar.

La pausa había terminado. 

El pez volvía a nadar.

Buenos Aires.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Rituales

La tribuna estaba casi vacía. Como siempre, había llegado dos horas antes. Tenía esa necesidad de ver el estadio sin gente. Le gustaba pensar que era su lugar, su casa. Aunque esa sensación durara apenas un ratito.

Se encaminó hacia el codo, al lugar de siempre. Subió uno a uno los escalones. Llegó y, tal como su rito lo indicaba, se besó la cadenita que llevaba colgada en el pecho antes de sentarse.

Disfrutaba del sol. Cerraba los ojos y se dejaba cegar. Pensaba en cómo iba a formar el equipo ese día. En cuánto iba a influir esa tarde la ausencia de Cardoso, la gran figura del equipo. En la esperanza de conseguir un triunfo que los acercara al líder, al que como en todos los torneos, corrían de atrás.

Ya faltaba menos. La gente empezó a llegar y los murmullos se hicieron más fuertes. Agarró la bolsa con los diarios de esa semana y los cortó uno por uno. Estaba conforme con la cantidad de papelitos que tenía ese día. No estaba ni cerca del récord que alguna vez había batido, pero era suficiente como para él y para todos los chicos que siempre se acercaban para pedirle un puñado.

Prendió la radio, como siempre justo una hora antes del arranque. Escuchó las publicidades y se divirtió cantando un famoso single. Le gustaban los análisis que realizaba Pérez Escoba, su comentarista de toda la vida. Era inteligente, aunque a veces un poco repetitivo.

La gente seguía llegando.

 - Migueeeeel! Cómo salimos hoy?

Le preguntaban como si el fuera un adivino. Es que confiaban en su intuición. Raramente se equivocaba. Tenía un olfato único. Y además, se encargaba de estudiar al rival. Sabía quién estaba enfrente. Lo suyo no era arriesgar por arriesgar.

 -  Lo ganamos 2-0, con goles de Carrasco y Espinoza

Respondió con seguridad. Se tenía fe. Carrasco venía jugando bien y siempre cumplía con su cuota goleadora. Y Espinoza estaba rápido. El último partido había tirado dos diagonales perfectas al vacío y las dos habían terminado en gol. Uno suyo y el otro de Sarabia de rebote.

Los arqueros salieron a entrar en calor. El Lungo Ringo era gigante. Verlo desde la tribuna ya daba miedo. Una presencia imponente. Lo aplaudió, como todos. Lo vio revolcarse para todos lados y pensó que ese era el trabajo más importante de la tarde para el arquero, el calentamiento previo.

En la radio seguían hablando del partido. De tanto en tanto, el locutor se metía para vender. El auricular derecho se había roto,  pero no iba a cambiarlo ahora que habían metido cinco al hilo sin perder.

El Lungo se fue al vestuario. La tribuna estaba ya completa. Los primeros cantitos empezaron a sonar. Volvió a besar la cadenita y se paró. Cada vez que veía ese estadio lleno se emocionaba. Era su casa, hacía mucho tiempo.

Se acomodó el cuello de la camiseta y elevó al cielo el rezo de siempre. Los equipos ya estaban en la manga. Miró a su alrededor y sonrío. Apretó con fuerza los muchos papelitos que tenía en la mano.


A los 84 años, Miguel estaba más vivo que nunca. Y cómo no estarlo, si cada fin de semana durante por lo menos un par de horas, en ese estadio que era su casa, escuchando la radio y disfrutando del sol, era el hombre más feliz del mundo.

jueves, 31 de octubre de 2013

Siempre

Afuera llueve.

El cielo se vistió de gris, una vez más.

Caminó en busca de un poco de aire. Ese que se le ausentaba en el pecho, una vez más.

El pasado se hacía presente y futuro. Cerró los ojos y lloró, una vez más.

Las gotas le resbalaban por las mejillas. El silencio interno se adueñó de la escena, una vez más.

Rasgó la pared mojada con las uñas. Recordó, cada instante, una vez más.

La memoria se convirtió en su mejor amiga, como siempre, una vez más.

Por ella y por todos los demás.


Nunca más.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Turismo literario

Nunca fui a Suecia.

Pero la conozco. Y mucho. Sus campos y su burocracia. Su paciencia y su oscuridad. Su tranquilidad y su locura. Su cultura, su naturaleza.

Y todo gracias a Mankell. 

Recorrí Estocolmo página por página.

Viajé junto a Wallander en esos interminables recorridos en auto por sus rutas y sus hermosos paisajes.

Me asombré con Ystad y su melancolía.

Paseé por Malmo y su inmensa vida administrativa.

Descubrí Halmstad y su arquitectura.

Y hasta con mi pasaporte llegué a Riga, Letonia junto a los Perros.

La literatura me enseñó a una nueva forma de hacer turismo. Suecia, un país extraordinario. Y un gran acompañante, Wallander, mi amigo el detective.


Un turista literario.


martes, 29 de octubre de 2013

Ser malo en tiempos modernos


Quién hubiera dicho, apenas un puñado de años atrás, que ídolos, amados, queridos y aclamados, serían narcotraficantes, convictos, estafadores o asesinos.




                                             
           
Probablemente, nadie




Y sin embargo, aquí estamos. Ser malo en tiempos modernos parece ser un regalo. Walter White, Neal Caffry, Lincoln Borrows, Dexter o el mismísimo Pablo Escobar. Algunos pocos ejemplos.









Como si salieran del mundo de Disney, el público no sólo los acepta, sino que además los idolatra. Cada uno tiene su motivo. Pero la realidad es una sola. 

Los quieren. Los admiran. Sueñan con ser malos, tan malos como el más malo de todos los malos.
               

Se venden remeras, se reparten posters, se los escucha con respeto. Se los glorifica.




Sin dudas, hoy para encontrar el camino del éxito, es más fácil ser malo. ¿Será un síntoma social?


Quién sabe…


lunes, 28 de octubre de 2013

Eduardo.

Montevideo. 1940.

Obrero. Pintor. Periodista.



Revolucionario desde la pluma. Inventor de letras. Poderoso, poderosísimo, desde la lengua. Dueño de un sinfín de frases mágicas.

"Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darlo vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?".

Sí, Eduardo.


Aquí vamos

El recorrido que transitó por la orilla del río fue largo. Descubrió un camino desconocido. Exploró. Buceó entre senderos. Pensó, claro. Pasado, presente y futuro.

No se cansó. Nunca.

Ritmo. Y color.

Aquí vamos, una vez más.